La pertenencia familiar: procesos de inclusión y exclusión

Pertenencia al grupo. Psicóloga en Barcelona

La pertenencia al grupo: una necesidad

Una de las mayores necesidades del ser humano es la de pertenencia al grupo o grupos que sostienen nuestra vida. En un primer lugar por tanto, está la necesidad de pertenencia al grupo familiar, y ésta poco a poco se va ampliando a otros grupos como pueden ser la escuela, los grupos locales, las naciones, la sociedad, etc…

Cuando pertenecemos a un grupo, y hablamos desde el nosotros, hablamos de una conciencia común, de una conciencia grupal compartida, donde hay unas reglas y normas grupales que son impuestas y que determinan nuestro comportamiento. Se asumen como buenas y legítimas las posiciones del grupo de referencia, habiendo un código de lealtad que va por encima de los deseos personales. Uno de los mayores miedos que tiene el ser humano es el miedo a no pertenecer, a perder el derecho de pertenencia a su grupo de referencia. En la medida en que nos comportamos de manera que podamos estar seguros de formar parte del grupo, nos sentimos con la conciencia tranquila, siendo lo contrario si no lo hacemos hasta el punto de temer la pérdida total o parcial del derecho a la pertenencia. La conciencia nos mantiene con el grupo. Hay que tener en cuenta que las personas que pertenecen a grupos de referencia diferentes tienen conciencias diferentes. Y que nosotros en cuanto cambiamos de grupo, de alguna manera también cambiamos de conciencia. Por ejemplo, tenemos una conciencia diferente en la familia que en el trabajo, o que con el grupo de amigos.

Ahora bien, esté donde esté, siempre se trata del vínculo y del temor ante la separación y la pérdida. Por un lado, tenemos la necesidad de pertenencia y de vinculación, y actuamos de acuerdo a la conciencia de nuestro grupo para no ponerlas en riesgo. Es decir, luchamos por conservar nuestra inclusión, nuestro lugar en el grupo. Por otro lado, nos enfrentamos a conciencias diferentes a la nuestra cuando se
trata de convivir con otros grupos o personas, encontrándonos con diferentes visiones del mundo, valores, etc… y buscamos ante esto formas de protegernos porque podemos sentirnos amenazados. Una de nuestras estrategias para protegernos frente a estas amenazas es la discriminación o exclusión de aquellas personas que se manifiestan de una forma diferente o contraria a la nuestra o a la de nuestro grupo.

¿A qué me refiero cuando usamos el término «Incluir»?

Incluir significa tomar en cuenta, contener, dar el lugar que corresponde.Normalmente estamos acostumbrados por condicionamientos sociales y grupales a excluir todo lo diferente, lo molesto, lo doloroso, lo feo, negándole el reconocimiento.

De ahí que la tarea de aprender a incluir sea algo que cueste o resulte difícil. Para poder aprender a incluir ayuda mucho entender el funcionamiento de cada parte dentro del sistema, es decir, entender que cada individuo y cada grupo tiene un lugar y cumple una función específica. Además, lo fundamental del sistema es la relación entre sus partes o miembros, y el impacto que cada uno tiene sobre los demás.

Posibles repercusiones cuando hablamos de «Exclusión»

Manteniendo esta mirada sistémica, podemos observar que en todas las familias existen personas que han sido excluidas por diversas razones. Generalmente los excluidos son aquellos que en algún momento causaron dolor, vergüenza, fueron protagonistas de alguna tragedia, de forma consciente o inconsciente. Los efectos de la exclusión en el sistema familiar tienen efectos bastante graves, ya que las
consecuencias de ésta, repercuten a lo largo de varias generaciones. Varios autores dedicados al estudio de la psicogenealogía han podido comprobarlo, como son Bert Hellinger, Anne Ancelin Schützenberger o Alejandro Jodorowski. Cuando se excluye a un miembro en una familia, el sistema se encarga de representarlo a través de otro de sus miembros, generalmente alguien de una generación posterior. Por tanto, podemos observar que cuando se excluye a algún miembro de la familia o del grupo, la repercusión la sienten todos los demás, de manera consciente o inconsciente. Cuando hay una exclusión el amor en el sistema deja de fluir y se produce un desorden, siendo
la inclusión el único remedio para evitar las consecuencias que conlleva la exclusión.

¿Cómo se produce esta inclusión?

Permitiendo que cada miembro del sistema ocupe su lugar, el que le corresponde, y reconociéndole su derecho a pertenecer.
Cuando nos remontamos en la historia de varias generaciones a través del árbol genealógico descubrimos muchos secretos que pueden dejar al descubierto que los buenos no eran tan buenos, ni los malos tan malos. A pesar de nuestros esfuerzos por intentar borrar o negar a alguien o algo que ocurrió, de alguna forma, el inconsciente nos impide deshacernos de nuestros orígenes. Podemos aprender de todo esto y dar
un paso más a nuevas comprensiones sobre nuestras vidas presentes y la de nuestros ancestros, entendiendo por qué en muchas ocasiones repetimos de forma casi idéntica patrones o dinámicas anteriores.

Si conseguimos incluir todo aquello que fue excluido y reconciliarnos con ello, podemos liberarnos en el presente de muchas cargas que llevamos del pasado. Para concluir podemos decir que ampliando nuestras categorías de pertenencia e indagando en profundidad en lo que sostiene nuestra identidad personal, familiar, cultural y social, despertamos una nueva conciencia, comprendiendo que más allá de
las diferencias individuales y sociales, en la esencia de la condición humana, somos todos iguales.

“Tanto en la familia nuclear como en la red familiar existe una necesidad común de vinculación y de compensación que no tolera la exclusión de ninguno de sus miembros. De lo contrario aquellos que nacen posteriormente en el sistema, inconscientemente repiten y prosiguen la suerte de los excluidos”, Bert Hellinger.

Elisabet Gil García

Psicóloga General Sanitaria 22446

Psicóloga experta en tratamiento del trauma, psicología perinatal, apego y crianza.

Facilitadora del Círculo de Seguridad Parental (COSP)

Consteladora familiar

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